Sobre la belleza: “Y Seiobo descendió a la tierra” de László Krasznahorkai

El último ganador del prestigioso Man Booker International Prize es László Krasznahorkai. Lo recibió por toda su obra, y especialmente por su último libro “Y Seiobo descendió a la tierra”.

El libro abruma con su lenguaje intenso, rico y sensual. Terrenal – con la sensualidad y el aroma de la tierra fértil. Sutil –  con la sutileza de la cultura asiática, de su expresión, velada, aparentemente superflua, que roza la superficie de hechos, sentimientos, historias como con la ligera caricia del ala de un kimono. Oriente y Occidente fluyen y se entrelazan el uno con el otro creando una escritura krasznahorkai-laszlo-est_368x800abrumadora, estremecedora, con una fuerza primitiva y sofisticada al mismo tiempo.

Krasznahorkai tiene la capacidad única de hacer parar el tiempo, de hacernos ver la multidimensionaldidad de un momento, como cuando describe el pájaro inmóvil en la primera de sus 17 historias, fijado en su víctima. Son 17 miradas sobre las dimensiones de la belleza, sobre la belleza inmanente a la existencia, al ser, al estar ahí.  Podría ser también un ramo de pequeñas reflexiones, leyendas, historias. Es como el tiempo sin su linealidad: el antes y el ahora son conceptos vacíos, fuera de lugar. Lo que llena de vida el libro son los momentos de consciencia e intensidad, de intensa consciencia, de consciente intensidad. La majestuosidad per se – un pájaro níveo que al mismo tiempo es tan insignificante, un punto blanco en el paisaje que le rodea. El autor entrelaza esta imagen con la leyenda de la reina babilonia Vashti y su belleza extraordinaria, y añade así un elemento onírico al rosario de historias. Estamos en una entre-dimensión, en la que las leyendas tan antiguas como el origen de la civilización ocurren en el presente, y un momento – en el que el cazador blanco aguarda para clavar su pico en el pez  – es la eternidad.

Visitar el Acrópolis puede convertirse en poco tiempo, desde el acto más importante, el acto que debe poner punto a una época y abrir una nueva fase en la vida de uno, en algo tan absurdo, surrealista cuando la naturaleza humana sucumbe al sol, al calor. También aquí hay un elemento onírico, de majestuosidad sobre-dimensional, y un conflicto entre la grandeza y la insignificancia del hombre: El que creó el templo de la civilización europea, el que pensó en eternizar su grandeza con la blancura brillante, cegadora  y la firmeza del mármol, hacerlo brillar bajo el intenso sol mediterráneo, y el que NO es capaz de VER  el Acrópolis, de tanta grandeza y tanta blancura. ¡Y qué importancia tiene esto, si en cualquier momento nos puede pasar algo tan anodino como ser atropellados por un coche!

Con sutileza se asoma Krasznahorkai a los pantanos del alma humana: un asesino no nace, se hace, y a veces el azar ayuda.

¡Cuánto amor y cuanta ternura para su amado Japón! Al fondo de su profunda comprensión de la delicadeza japonesa, las reflexiones sobre la grandeza y el sinsentido, sobre la grandeza del sinsentido de La Alhambra. Un gran espíritu necesita crear por la belleza sin más, sin pensar en la funcionalidad de su obra, sin razonamientos prácticos.

La belleza de la cabeza de un Cristo, que durante años persigue un visitante, la belleza de los colores del maestro de Perugia, única, extraordinaria, como con un toque de magia, que nace y obedece solo a la mano de un maestro genial. La belleza de un caballo, cavado en tierra, bajo tierra, y la belleza sobredimensional del esfuerzo solitario, secreto, de creación por la creación, con el único fin de crear belleza.

La belleza en la genialidad de Bach, presentada por y opuesta a un personaje grotesco, casi indigno. La belleza angelical de un hombre que espera el fin de sus días en tierra lejana, una belleza que ha superado, ha vencido lo carnal, una belleza del espíritu, del alma.

Es un libro sobre la eternidad de la belleza, sobre la belleza fuera del tiempo, por encima del tiempo, una belleza estremecedora, monstruosa, majestuosa, sobrehumana.

Y ¿qué más da, si a todos nos devora la tierra?

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