Nikola Vaptsarov: la eterna pelea con la vida, o la grandeza de un hombre

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Nikola Vaptsarov, el poeta de las máquinas, cayó victima de las luchas ideológicas, sin ser ideólogo el mismo. Asumió la culpa y la responsabilidad de otros, pagando quizás una deuda para con sus compañeros que solo él mismo había decidido pagar. Fue un soñador, que necesitaba vivir por algo más del día a día, respiraba visiones: no solo pero solitario, no comprendido. No sería justo reducirlo a un antifascista: su fe y sus ideales, como leemos en sus poemas, se extienden más allá del simple servicio al movimiento comunista.

Como sabemos hoy, su persona y su obra fue celebrada y elevada en culto por las personas que ocuparon puestos principales en el partido comunista después del año 1945 y por las que Vaptsarov pagó con su vida. ¿Fue un héroe? Fue más que esto: hasta su ultima hora quedó fiel a si mismo, a su visión del hombre, del ser humano, se fue con dignidad y sus últimas palabras fueron dirigidas a su esposa y a su pueblo, y son palabras de amor.

Choca la contradicción entre el trabajo duro que tuvo que ejercer y la sensibilidad y riqueza de sus versos, de una sonoridad y ritmo quizás inusual para los lectores del principio del siglo que todavía llevaban en el corazón las metáforas del patriarca de la literatura búlgara, Ivan Vazov. Vaptsarov era el único que sabía que ya era un poeta, solo él creía en el valor literario de su obra.

En eso consistía su gran tragedia y soledad personal y literaria: ser consciente de su talento, saberse un poeta y no encontrar un camino para realizarse en el mundo literario y ser reconocido por sus compañeros. Un alma sensible entre los obreros y las máquinas, un soñador y espíritu libre entre los ideologizados y estrechos de mira compañeros comunistas.

A lo mejor, lo que el joven poeta sentía haber perdido, era su fe. La fe en la vida, que celebraba en su poema homónimo:

Pero, digamos,

cogéis, cuanto?-

un grano 

de mi fe,

rugiría entonces,

rugiría de dolor,

como herida 

en el corazón pantera

.¿Qué quedará

de mi entonces?

Un instante después del robo

seré hundido.

Y aún más claro,

y aún más cierto –

un instantte después del robo

no seré nada.

La fe de Vaptsarov es una fe y optimismo sin fronteras en el futuro, en el ser humano, en la capacidad de este ser de crear, forjar su vida con sus propias manos y ser feliz por ello. Sus poemas son un constante diálogo con la vida, una riña sin cesar, un amor incondicional y un reproche a raíz de su dureza e injusticia. A veces parecen casi incomprensibles el optimismo y las ganas de vivir del joven maquinista: Siendo un adolescente, al enterarse su padre que su primogénito quería dedicarse a las letras y a la poesía, le dio una paliza tan severa, que Nikola tuvo que pasar una semana envuelto en pieles de oveja, un remedio casero de la gente del pueblo. Su padre era un revolucionario que había dedicado su vida a la causa macedonia: “Tres hermanas, Mizia, Trakia y Makedonia”, tenían que reunirse. Esto no rompió la fe y la voluntad de Nikola. Ni cuando su padre le envió a estudiar a la academia naval en Varna, aunque su hijo quería ir a la universidad y estudiar literatura. Allí pasaría seis años de su vida, y al final pronunciaría un discurso que cuestionaba la humanidad de los métodos de enseñanza ahí y la necesidad de su severidad. Este discurso le costaría su diploma, así que los seis años serían en vano, Vaptsarov nunca sería marinero. No solo esto, tendría que conformarse con cualquier trabajo que encontraría de ahí en adelante – trabajo no cualificado, de mecánico, fogonero – y hasta el final de su corta vida llevaría una llave mecánica en el bolsillo. Y sin embargo, escribía. Dedicaba sus ratos libres a crear versos.

Su poema “Fabrica” trata del precio que requiere la vida, la fabrica es una metáfora de la vida.

Y este grito fue la mezcla,

con la que

armamos nuestra vida así

que si le metes

un palo entre las ruedas –

te partirás el brazo…

bajaremos el sol

a nuestro lado.

Su vida privada también fue marcada por la trágica pérdida de sus dos hijos, uno a solo ocho meses de edad, el otro antes de nacer. ¿Se habría entregado el joven poeta a la lucha antifascista, si la vida le hubiera ahorrado la pérdida de un ser tan querido? ¿Habría sido su vida distinta si hubiera conseguido consagrarse como poeta? Son estas preguntas especulativas que al fin y al cabo no tienen importancia: Vaptsarov fue hijo de su tiempo, escribía sobre la injusticia que veía, soñaba con una vida plena y libre, necesitaba vivir sus visiones y sus ideales, y en cierto modo, en sus momentos finales se unen el hombre Vaptsarov que se despide de la vida cantando y su héroe de “Canción sobre el hombre” que a través de la canción siendo ejecutado llega a encontrar la paz, a estar en paz consigo mismo y la vida. ¿Una epifanía? Quien sabe. Muchos de los versos de Vaptsarov sugieren un presentimiento de su destino.

Vaptsarov no estuvo solo con sus innovadoras ideas de poesía, hubo una ola de poetas de la época entre las dos guerras, como Geo Milev y Hristo Smirnenski, pero él no consiguió abrirse camino con sus versos, no hubo reconocimiento para su obra, tan solo criticas negativas.

En la obra de Vaptsarov hay marineros, fabricas, lugares exóticos, visiones del futuro. Pero también sorprende la musicalidad de sus versos, su complejidad sonora. Hoy el ritmo y la musicalidad de “Romantica” , de su primera parte en particular, suenan como la uvertura de una sinfonía, como una marcha solemne de la victoria del nuevo tiempo:

Yo quiero escribir

hoy

un poema,

en el que respire

el verso de la era

nueva.

Que se estremezcan en él

las alas

del demonio

orgulloso,

cruzado de polo a polo

el mundo.

Duelo”, uno de los poemas más emblemáticos de su único libro publicado en el año 1940, “Canciones del Motor”, narra la historia de la lucha interminable, cruda, con la vida y por la vida. En búlgaro “vida” es del género masculino, de modo que el poema trata del duelo con un adversario igual, la energía que emanan los versos es muy masculina, como dos titanes de la mitología griega. A pesar de la dureza, de la crudeza de esta lucha entre iguales, el duelo está envuelto en un halo romántico, irradia una fe inquebrantable en la vida, en el acto de vivirla.

Y una vez más, en “Carta”:

Si supieras como amo la vida!

Y como odio

las vanas quimeras…

A lo mejor a Vaptsarov le pesaba el hecho de haber revelado a la policía los nombres de sus compañeros, seguramente después de haber sido torturado. Para ocultar los nombres de los miembros del comité que organizaba las actividades contra el régimen y salvarlos, el partido comunista toma la decisión, antes de empezar el proceso contra Vaptsarov y sus compañeros, que él y otros dos deben declarar ante el juez que forman parte del dicho comité. Vaptsarov obedece, sabiendo que se envía a muerte segura.

El 23 de julio de 1942, Vaptsarov es condenado a muerte según la ley de protección del estado. La sentencia es ejecutada el mismo día, las suplicas de la madre y la hermana ante el rey no ayudan . Unos pocos años después de sus “Canciones del motor“, Vaptsarov y sus compañeros de lucha se enfrentan a sus últimos momentos de vida y a los soldados cumpliendo la orden de fusilamiento, con la canción de los héroes búlgaros: “Тоз, който падне в бой за свобода, той не умира…” Aquel que cae en la lucha por libertad, no muere.

En 1952 Dolores Ibárruri, La Pasionaria, nomina a Vaptsarov para el Premio Nacional de la Paz, no solo por su poesía, sino también por sus actitud durante el proceso. El gobierno búlgaro comunista ordena y asegura fondos para la construcción de monumentos del comunista Vaptsarov (aunque él mismo nunca fue miembro del partido comunista), colegios empiezan a llevar su nombre, su obra se traduce a otros idiomas.

En las últimas horas de su vida, Vaptsarov escribe dos poemas: uno, dedicado a su mujer, y otro, después de la lectura de la sentencia, dedicado a su pueblo. Sus últimas palabras son de amor, fe y entrega.

A mi esposa

 

Vendré a veces en tus sueños,

un huésped inesperado, ni querido.

No me dejes afuera en la calle,

no eches el cerrojo a la puerta.

Silenciosamente entraré. Me sentaré tranquilo,

fijaré mis ojos en la noche para verte.

Y cuando contemplarte sacie mi ser

te besaré y partiré, me iré.

La lucha es inexorablemente cruel.

La lucha, dicen que es épica.

Caí yo. Otro ocupará mi lugar y … ya está.

¿Acaso un hombre aquí importa?

Disparos, y después – gusanos.

Tan lógico, sencillo es.

Pero en la tempestad caminaremos a tu lado,

pueblo mio, porque te amamos!

14 hrs – 23.07.1942

Fuentes:

Programa en la Televisión Nacional Búlgara “Historia BG – Nikola Vaptsarov”, 1.12.2014

Cinco relatos sobre un fusilamiento”(2013), pelicula documental, dir. Kostadin Bonev

Nikola Vaptsarov, poemas: http://www.slovo.bg

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