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Obsesiones perras

Gustave Doré, Dante Alighieri – Inferno, Plate XXII, Canto VII: The hoarders and wasters.

 

For all the gold that is beneath the moon,

or ever has been, of these weary souls

Could never make a single one repose.

 

Obsesiones que aceleran el corazón. ¿Qué obsesión no acelera el corazón?

No sé si bendecir o condenar aquel momento cuando mi boca inocente formó las palabras: “Vamos a tener un perro”. Desde entonces he visto como el sol sube y baja del horizonte miles de veces, pero mi corazón sigue latiendo en el ritmo de un-perro, un-perro. Camino por la calle y mis ojos desesperadamente saltan de un lado al otro en busca de algún peludíto con trufa húmeda, moviendo la cola. Mi corazón se estremece de ternura, todo mi cuerpo se estremece. Durante mucho tiempo no percibía a personas, tan sólo rastreaba las calles con una mirada de águila rezando por que Dios pusiera en mi camino un cachorrito dulce. ¡Un-perro, un-perro!

Las obsesiones son como los enamoramientos. Claro, si el enamoramiento es una obsesión. Vivo por desvivirme.

¿Por qué necesito un perro? Como si no tuviera nada mejor que hacer. Desesperada de encontrar un argumento objetivo, llegué a la autoterapia. Decidí que mi vida social – que nunca fue especialmente rica, se estaba reduciendo al mínimo, así que un perro sería mi salvador del abismo de los monólogos.

Me gusta pensar a lo grande. Think big! Antes de que me diera cuenta, ya estaba pensando en un centro de terapia con perros. En mi cabeza, las ideas vienen como carcajadas – repentinas, en abundancia, pertenecen al momento.

Sueño con un compañero ideal, entregado y fiel, que tenga el talento de leer mi mirada, que ponga su patita sobre mi rodilla y inclina su cabeza a un lado, sacándome un suspiro de ternura, para invitarme a pasear, para preguntarme qué tal mi día o por qué estoy triste. Me lo imagino de la manera más romántica, mi héroe camina a mi lado en la oscuridad.

¿De dónde cobran tanta fuerza las obsesiones?Se convierten en un torbellino, después de empezar como un capricho inocente, inofensivo. A veces mi fijación de abrazar un peludo ladrando crece tanto que siento que el deseo de verdad desaparece, se convierte en un deseo hueco. Lo quiero tanto que dejo de quererlo de verdad. Una fijación de querer.

Necesito verbalizar mis deseos para darme cuenta si realmente son deseos. Necesito actuar para darme cuenta de que mis actos serán un fracaso.

Perros hambrientos en manadas, medio salvajes, cruzando las calles en busca de comida. La hambre los convierte en asesinos.

Perros esperando en las tiendas locales, debajo de la barra, mirando las manos de cada persona que entra y sale: si están llenas, se levantan como uno, y lo siguen.

¡Ay de él!

¿Perder la cabeza por un perro?

Recoger caca. Caca de perro.

Obsesiones que nos arrastran al borde de la locura. Un amour fou.

Un amour fou es una obsesión perra.

Paseos a horas intempestivas. Necesito mi sueño de siete horas. Odio madrugar.

El sano juicio. Cuando decidí que tenía que tener un perro, pregunté durante un año a todos mis conocidos, compañeros, alumnos, desconocidos en la calle y en los bares, sobre su experiencia perruna. Nunca pido opinión cuando sé que quiero algo. Conociéndome, más tarde llegué a pensar que mi sano juicio ya sabía que no debería hacerlo – por eso busqué una escapatoria creando motivos de “no”. Las decisiones demasiado reflexionadas quedan reflexiones no vividas.

Isn’t it a pity?!