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Una lectura de “Teoría King Kong” de Virginie Despentes

Cartel italiano de la películla King Kong, 1933

Una de las primeras cosas que sentí al leer la Teoría, fue un tremendo impulso de tirarme unos cuantos videos de porno, y de masturbarme sin fin. Sobra decir que también me entraron ganas de follar. No de ser follada, sino de follar: de coger al machote y explorar con él todos los caminos de mi imaginación, con todo el tiempo del mundo. Por experiencia, los hombres no tienen nada en contra de que los follen. Incluso les gusta adoptar una actitud algo pasiva y dejar que alguien haga el trabajo. No me he acostado con cientos de hombres, no dispongo de la experiencia variada de Despentes, pero de los hombres que han pasado por mi cama, algunos han preferido dejarme hacer a mí. ¡Qué triste cuando queda en evidencia que lo hacen por pereza: porque es más cómodo! Así que nadie me hable de la virilidad en la cama: es sólo una representación que existe en las películas porno, aquí estoy de acuerdo con Virginie Despentes. Otros han perdido las ganas porque mi iniciativa les parecía demasiado viril. O tal vez era la energía que se crea entre dos personas en la cama que deja al desnudo todos los clichés sobre el comportamiento sexual de hombres y mujeres.

 

El flirteo, desde luego, – que no es nada más que un juego de rol, para muchos pre-definido – , normalmente deja pensar al hombre que es él quien lleva las riendas. En cuanto la mujer cambia de actitud, se siente indefenso. Lo dicho vale para hombres que de antemano son inseguros y cubren este hecho con las frases hechas y la confianza en los papeles establecidos del flirteo.

El libro de Despentes es definitivamente revelador: rompe el corsé de estos papeles, desde la necesidad de decir en voz alta, de gritar desde lo más profundo de sus pulmones, lo que hoy día se ha convertido en una obviedad: el rey está desnudo. Sí, es necesario llamar las cosas por su nombre, sin envolverlas en el papel colorido de las ideologías. También es una manera de hacer cuentas con su propio pasado, acercarlo a su presente de manera oficial, en un intento de hacer las paces, quizás.

“Dadnos el derecho de correr el riesgo de ser violadas”. Yo firmaría un manifiesto así, ahora, que se ha puesto tan de moda firmar manifiestos. No por mis propias ganas de correr este riesgo: me he dado cuenta con la edad de que soy bastante miedosa y no me atrae nada lo de ponerme en situaciones en las que me pueden pegar dos hostias y en las que no sé si voy a volver entera a casa, por el simple morbo de experimentar algo. Desde luego, la idea de levantarme, desempolvarme y seguir adelante después de haber sido violada, me quita bastante de la euforia. ¿Comparamos la violación con un rasguño, como les ocurre a los niños, que se levantan sabiendo que las lágrimas son una pérdida de tiempo y mientras lloriquean por la rodilla herida, los otros niños ya están tramando otras aventuras? ¿O tal vez, con una paliza, como entre hombres? Te levantas, cruzas los dedos por que las costillas rotas sanen por sí solas y sigues como si nada.

“Existe un orgullo de sirvienta que avanza con trabas, como si fuera útil, agradable o sexy. Un goce de esclavo en la idea de servir de trampolín”. Un punto de vista bastante radical, que – aunque en algunos casos sin duda pueda ser verdad – , generaliza de manera injusta la actitud femenina, la mujer como tal (que por cierto es algo que no existe). Me imagino a Virginie, con su anorak y cabeza rapada, una chica que se tiene únicamente a sí misma, que tiene que crear una personalidad fuerte para hacerse valer en el mundo. Probablemente sería un prejuicio decir que una teoría King Kong puede salir de las filas de las chicas punk rock, las chicas que no tienen nada que perder, para las que despojarse de los estereotipos cuesta menos que encajar en ellos, pero este es el pensamiento que se hace camino en mi cabeza mientras leo. De alguna manera me recuerda a la revolución de los bolsheviquis en Rusia.

Imaginémonos a una Virginie de una familia de la clase media – , ahí es donde más cuesta romper estereotipos: ¿pensaría igual sobre la posición de las mujeres? Tal vez sí. ¿Se convertiría en una revolucionaria, revelando las verdades incómodas de la clase burguesa, o preferiría dedicarse discretamente a la prostitución ocasional, como hacen las mujeres que describe en su libro? No lo sabemos, pero vale la pena especular sobre ello.

Me parece un poco peligroso – , y una simplificación que más bien hace daño a la idea del libro, decir que el Estado quiere establecer los prejuicios entre hombres y mujeres. Cuando Despentes habla desde el punto de vista de la chica que se tiene sólo a sí misma, sin politizar, sin ideologizar, es cuando su mensaje tiene el impacto más fuerte, de una honestidad y una claridad hirientes.

¿Qué es la teoría King Kong?

Un testimonio personal, la teoría personal de Virginie Despontes.

Es sólo lógico que entre las voces indignadas de mujeres y hombres que exigen leyes estrictas para los violadores, aparezcan las contra-voces: las que dicen “No pasa nada, no es para tanto”, como si hubieran descubierto América. Lo triste es que este “No pasa nada” ha sido la actitud y la elección de las mayoría de las mujeres que han tenido que pasar por situaciones humillantes y peligrosas. Lo nuevo es que con estas contra-voces se calienta la polémica y se agudiza el conflicto latente en la sociedad. A pesar de que el libro de Despontes contiene verdades que ya todos conocemos y con las que lidiamos a diario, le damos las gracias por intentar romper el molde, por gritar: El rey está desnudo, viva el rey. Viva el rey: al fin y al cabo, la chica punk se adapta, vive la vida de una mujer integrada en la sociedad, aunque sólo en ciertos círculos, y le ocurren cosas como a cualquier otra mujer: su pareja la abandona, no tiene hijos, traspasa una fase de crisis de los treinta. Pero lo llama algo “consentido”, y, a decir verdad, viniendo al final de este libro-manifiesto a favor de las mujeres oprimidas, sin oportunidades de vivir una vida independiente, libre, de las mujeres que sufren bajo el ego del hombre, esta explicación innecesaria de lo “consentido” suena como una excusa.

¿Qué ocurriría si despojáramos a la violación del estigma de la humillación, de la imagen de la mujer ensuciada para siempre, y la tratáramos como un simple acto violento, como lo es una paliza?¿ Haría esto a las mujeres más seguras, se sentirían más valientes, miembros iguales en una sociedad dominada por hombres?¿Terminaría un proceso así en más derechos y más aprecio para las mujeres? Lo dudo.

Creo que Despentes generaliza – y por eso tergiversa – la percepción de mujeres y hombres desde un punto de vista puramente personal, que es sólo esto: un testimonio, una experiencia personal, ni más, ni menos. En cierto modo, es otro manifiesto feminista, cuyo valor principal consiste en impulsar o avivar el debate sobre la sociedad contemporánea en general, hacer una recapitulación de los procesos que tienen lugar en ella, de los valores que compartimos como sus miembros, y qué clase de individuos elegimos ser.

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